Algunos lloran, otros ya han perdido esa capacidad. Esta vez la explosión ha sido más cerca. Estamos bajo los pupitres mientras una lluvia fina de yeso y cemento cae a nuestro alrededor. Los que no lloran me miran fijamente a través de la bruma de desechos. Me ajusto en hiyab e intento aclarar la garganta. Debo consolarlos, tranquilizarlos pero las lágrimas corren por mis mejillas. Una manita cálida enjuga la mezcla de polvo y lágrimas de mi cara y mirándome profundamente a los ojos me dice: Señorita Umaina, no llore, solo son bombas.

El hombre luce una inquietante sonrisa. Lleva un traje azul y zapatos muy brillantes. Me mira y sonríe, pero a mi me da miedo, aunque se que lo conozco. Estaba casi dormido cuando ha venido el médico. Habla con él, y Nana, que me dice al oído que no me preocupe, que mamá está bien, que solo ha sido un susto. El hombre del traje nos mira. Yo me escondo tras el brazo de Nana y me agarro fuerte. “¡No seas tonto Pablo! Di adiós a tu padre, se tiene que marchar ya. Es un hombre muy ocupado”.

- ¡Cielos! Cómo brilla hoy El Valle.
Mesas blancas de melamina, bancos rojos tapizados de escay, barra metálica y taburetes giratorios.
- ¡Está mejor que nunca! Si estuviese aquí Cynthia tendría que tragarse sus palabras. El Valle es tan mio como suyo, creía ser la dueña del restaurante, la muy zorra. ¡Fíjate como brilla todo ahora! ¡No soy ningún inútil!
Gritaba al aire, formando un eco vacío. Se paró un momento en seco, y miró al suelo frente a la entrada.
- Aun queda algo.
Resopló mientras se agachaba para frotar con insistencia una reseca mancha roja junto a la entrada.

cartas-t10298Por ejemplo, averiguar quién era la mujer que me estaba anudando la corbata. Eso sería interesante. Notaba sus manos trasteando alrededor de mi cuello. Traté de abrir los ojos, era como tener cien kilos de plomo sobre ellos. Entreví su silueta, no parecía muy agraciada. Tuve que beber mucho anoche. Abrí un poco más los ojos. Que raro, no suelo traer ligues a casa. Mi corazón palpitó fuerte. No era una chica. La cuerda se tensó. Reconocí al tipo, el matón del señor Méndez. La cuerda se ciñó un poco más, y recordé las palabras de mi madre: ‘Hijo, este vicio del juego acabará contigo’. Me arrepiento de no haberla escuchado.

Sample12

  • ¿Cómo tú por aquí de nuevo? Ya no esperaba volver a verte más.
  • Ya ves, aquí estamos, parece que a pesar del tiempo no me doy por vencida, aunque no me hayas visto por aquí, no me olvidé de este lugar.
  • Pues fijate que me alegro hasta de verte, a pesar de ser una ‘descastá’.
  • Gracias, trataré de venir más amenudo, no lo prometo, ya que eso no sirve de nada, solo te lo digo.
  • A ver si es verdad.
  • Eso espero.

¿Qué día es?

enero 2012
L M X J V S D
« oct    
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.