Vuelve ese nudo

Después de mucho, pero mucho, tiempo ha vuelto el nudo. Ese nudo que se amarra en mi garganta y en la boca de mi estómago y hace que broten lágrimas sin saber porqué. Lo primero que he pensado es en volver a escribir, escribir siempre me ayudó a exorcizar los demonios que provocan esos nudos, a expresar eso que quiere salir de mi boca y solo soy capaz de sacar a través de mis dedos.

Esto me ha hecho volver a leer textos antiguos, y me pregunto dónde quedaron mis ganas de compartir mis historias internas. Cada día acuden a mi muchas historias que desean ser contadas, pero yo no las quiero dejar salir, aún no se por qué.

Quizás este sea el momento de comenzar a sacar alguna, no lo sé, lo he intentado otras veces y al final queda en casi nada. Pero soy obstinada, de eso no tengo dudas, aunque dudo de casi todo, incluso de mis sentidos.

El nudo aprieta

y yo aflojo los dedos sobre las teclas

los dejo correr, correr, correr, correr

alejarse de ese miedo que es una sombra

de ese dolor que es solo un murmullo

de esos dedos invisibles

que atan nudos

en mi garganta

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Un día de colegio

Algunos lloran, otros ya han perdido esa capacidad. Esta vez la explosión ha sido más cerca. Estamos bajo los pupitres mientras una lluvia fina de yeso y cemento cae a nuestro alrededor. Los que no lloran me miran fijamente a través de la bruma de desechos. Me ajusto en hiyab e intento aclarar la garganta. Debo consolarlos, tranquilizarlos pero las lágrimas corren por mis mejillas. Una manita cálida enjuga la mezcla de polvo y lágrimas de mi cara y mirándome profundamente a los ojos me dice: Señorita Umaina, no llore, solo son bombas.

El hombre del traje.

El hombre luce una inquietante sonrisa. Lleva un traje azul y zapatos muy brillantes. Me mira y sonríe, pero a mi me da miedo, aunque se que lo conozco. Estaba casi dormido cuando ha venido el médico. Habla con él, y Nana, que me dice al oído que no me preocupe, que mamá está bien, que solo ha sido un susto. El hombre del traje nos mira. Yo me escondo tras el brazo de Nana y me agarro fuerte. “¡No seas tonto Pablo! Di adiós a tu padre, se tiene que marchar ya. Es un hombre muy ocupado”.

El Valle

– ¡Cielos! Cómo brilla hoy El Valle.
Mesas blancas de melamina, bancos rojos tapizados de escay, barra metálica y taburetes giratorios.
– ¡Está mejor que nunca! Si estuviese aquí Cynthia tendría que tragarse sus palabras. El Valle es tan mio como suyo, creía ser la dueña del restaurante, la muy zorra. ¡Fíjate como brilla todo ahora! ¡No soy ningún inútil!
Gritaba al aire, formando un eco vacío. Se paró un momento en seco, y miró al suelo frente a la entrada.
– Aun queda algo.
Resopló mientras se agachaba para frotar con insistencia una reseca mancha roja junto a la entrada.

Odds

Por ejemplo, averiguar quién era la mujer que me estaba anudando la corbata. Eso sería interesante. Notaba sus manos trasteando alrededor de mi cuello. Traté de abrir los ojos, era como tener cien kilos de plomo sobre ellos. Entreví su silueta, no parecía muy agraciada. Tuve que beber mucho anoche. Abrí un poco más los ojos. Que raro, no suelo traer ligues a casa. Mi corazón palpitó fuerte. No era una chica. La cuerda se tensó. Reconocí al tipo, el matón del señor Méndez. La cuerda se ciñó un poco más, y recordé las palabras de mi madre: ‘Hijo, este vicio del juego acabará contigo’. Me arrepiento de no haberla escuchado.

De nuevo

  • ¿Cómo tú por aquí de nuevo? Ya no esperaba volver a verte más.
  • Ya ves, aquí estamos, parece que a pesar del tiempo no me doy por vencida, aunque no me hayas visto por aquí, no me olvidé de este lugar.
  • Pues fíjate que me alegro hasta de verte, a pesar de ser una ‘descastá’.
  • Gracias, trataré de venir más amenudo, no lo prometo, ya que eso no sirve de nada, solo te lo digo.
  • A ver si es verdad.
  • Eso espero.

Polvo

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El polvo entraba por la nariz. Seco. Arañando la respiración. El estruendo del paso de la marcha, un cataclismo en sus sienes. Estaba en la cola, delante el dragón avanzaba y él era parte. Se movía al ritmo, impulsado por músculos y tendones invisibles de la bestia. El calor martilleaba duramente bajo el caso. El intento de tomar aire, profundamente, una vez más, aumenta la sensación de vacío. Seguir el paso, no te desconcentres, no cambies el paso. No se vaya a notar que andas pensado.